Mirar la vida pasar, verla perderse,
entre tanto se pierde uno.
Desentenderse. Convertirse bosquejos, rayones y manchas. Ser nada. De nada. De nadie.
Desprenderse como energía.
Convertirse en energía cinética y desplazarse con el viento.
En armonía.
Cantando, susurrando melodías.
Descubriendo calles, pasajes, miradores y parajes.
Vías envidiables. Vistas inimaginables.
No hay camino establecido, son demasiados los focos peregrinos.
Ojos abiertos, la mirada desorbitada.
La pregunta conocemos, buscamos soluciones.
Captamos momentos por miedo a perderlos, por miedo a perderlos intentamos olvidar, y al ver que nos encerramos. Que la burbuja no estalla.
Al comprender la necesidad de escapar, de huir de lágrimas y lamentos;
ánimas y arrepentimientos, emprendemos viaje.
Desesperados, nos apresuramos intentando dejar el miedo atrás.
En nuestro impulso no notamos que atrás quedamos nosotros,
y él, de frente.
Clava sus pupilas en mis ojos.
Destruye mi oasis. Destruye los cimientos.
Reaviva mi frenesí y grito:
"La pregunta conozco, busco soluciones!"



